Compras una bajera de 90 × 200 para un colchón de 90 × 200. Encaja perfecta el primer mes. Al cabo de una temporada de lavados industriales, la misma sábana ya no abraza la esquina de los pies y el equipo de pisos empieza a tirar de ella cada mañana. No la han cambiado de cama: ha encogido. Esta guía explica cuánto es normal que encoja un tejido, qué hacen de verdad el sanforizado y el mercerizado, y qué número hay que pedirle al proveedor para que la sábana siga ajustando dentro de dos años.
Por qué encoge una sábana
Un tejido sale del proceso de fabricación con tensiones: el hilo se ha estirado al hilarse y al tejerse, y la tela se ha mantenido tensa en los acabados. El agua caliente y el movimiento relajan esas tensiones, y el tejido vuelve hacia su dimensión natural. Eso es el encogimiento, y no es un defecto: es el tejido soltando lo que le habían estirado.
Lo que cambia en hostelería es la intensidad del proceso. Un lavado doméstico son 30 o 40 °C y un centrifugado moderado. Un ciclo industrial de hostelería es otra cosa, y está escrito en los pliegos de los hospitales: para garantizar la termodesinfección se aplica la escala de Demière, «de 10 a 14 minutos a 90-95 grados, ó de 16 a 24 minutos a 85 grados». Después viene el secado, y después la calandra, donde el manual de ropa hospitalaria del INGESA indica colocar la ropa «a 160-180 grados C., como mínimo, durante 15-20 sg.», debiendo quedar «bien seca».
Ese mismo manual añade una advertencia que explica muchos encogimientos irregulares: la ropa no debe sufrir cambios bruscos de temperatura, superiores a más menos 20 ºC, y conviene vigilar las rampas «tanto en el calentamiento como en el enfriado». Una pieza que pasa de 90 °C a agua fría encoge más y peor que otra tratada con rampas suaves.
Sanforizado y mercerizado: qué son, y qué no te garantizan
Son las dos palabras que más aparecen en las fichas cuando se habla de encogimiento, y conviene saber qué hay detrás de cada una.
Sanforizado es un pre-encogido mecánico. El nombre viene de Sanford L. Cluett, que en 1931 patentó en Estados Unidos un proceso de acabado de tejidos (patente US 1.861.423, «Cloth-finishing»); la familia de patentes que lo recoge se clasifica hoy como «encogimiento por compresión», definido como la contracción del tejido producida «por presión ejercida en direcciones paralelas a su superficie». Dicho simple: en fábrica se comprime el tejido a lo largo para que dé de sí lo que daría en el primer lavado, de modo que cuando lo laves tú ya no le quede tanto por encoger.
Mercerizado es un tratamiento químico de la fibra, con sosa cáustica o con amoníaco líquido. Un estudio publicado en 2022 en Materials analizó el efecto de combinar mercerizados antes y después del teñido sobre la estructura del algodón, y midió su influencia en el brillo, en el comportamiento al teñido, en la resistencia a la tracción y en la rigidez del tejido. Es decir: el mercerizado actúa sobre el brillo, el tinte y la resistencia, mientras que el preencogido lo aporta el sanforizado. En una ficha de calidad aparecen los dos, porque cada uno resuelve una cosa distinta.
Y aquí está lo importante para un comprador: ninguna de las dos palabras es, por sí sola, un número. «Sanforizado» te dice que el tejido lleva un preencogido; no te dice cuánto le queda por encoger. Una ficha completa trae las dos cosas, el proceso y el porcentaje, y es así como conviene pedirla.
El número que sí sirve: estabilidad dimensional

Lo que hay que pedir se llama estabilidad dimensional o variación dimensional, y se expresa en porcentaje, por separado en urdimbre y en trama, indicando cómo se ha lavado la muestra.

Nuestro popelín de 200 hilos es un ejemplo de cómo debería venir: tejido sanforizado y mercerizado, con una variación dimensional declarada de ±3 % en urdimbre y en trama, tanto a 40 como a 60 °C. Ese es el formato de dato que hay que pedir: porcentaje, en las dos direcciones, y a la temperatura a la que vas a lavar de verdad.
Dos referencias externas más, para situar lo que es razonable exigir:
- La especificación alemana de calidad para ropa de cama, OS 80-06:2015, recogida en un estudio publicado en 2023 en Scientific Reports, pide una variación dimensional de ±3 % en urdimbre y ±3 % en trama tras tres lavados, medida según EN ISO 5077 con el lavado de EN ISO 6330 (procedimiento 9N para blancos, 6N para color), junto con una resistencia mínima de 400 N según EN ISO 13934-1.
- Un pliego español de dotación de ropa hospitalaria —el del Hospital de Poniente— exige a su tejido «estabilidad dimensional 2 % tras 10 lavados», y en otra prenda del mismo documento lo concreta más: «2% (después de 10 lavados a 80 ºC)».
Fíjate en lo que distingue a las dos: la primera mide tres lavados de laboratorio con un procedimiento doméstico normalizado; la segunda, diez lavados a 80 °C, que es tu mundo. Por eso conviene preguntar las dos cosas. Y recuerda que ISO 6330 es, por definición, un procedimiento de lavado doméstico para ensayo de textiles: un dato excelente para comparar tejidos entre sí, pero no una promesa sobre lo que hará tu túnel industrial.
De los porcentajes a los centímetros
El porcentaje se entiende mejor traducido a la cama. Sobre una bajera confeccionada para un colchón de 200 cm de largo:
| Variación dimensional | Pérdida en 200 cm | Pérdida en 90 cm de ancho |
|---|---|---|
| 1 % | 2 cm | 0,9 cm |
| 2 % | 4 cm | 1,8 cm |
| 3 % | 6 cm | 2,7 cm |
| 5 % | 10 cm | 4,5 cm |
Seis centímetros de largo en una bajera son exactamente la diferencia entre una esquina que abraza el colchón y una que se sale cada vez que el huésped se da la vuelta. Y como el elástico perimetral disimula el defecto al principio, el problema se detecta tarde, cuando ya se ha comprado un lote entero.
Cómo se compra para que siga ajustando
- Comprueba que el encogimiento está previsto en la confección. Una bajera profesional se corta con margen para lo que va a encoger; por eso una bajera de catálogo para colchón de 90 × 200 vale igual para uno de 190. Pregunta si ese margen está contemplado o si te venden la medida nominal.
- Mide el alto del colchón antes de pedir. Nuestra bajera está confeccionada para colchones de hasta 24 cm (±1). Un colchón de 30 cm no es un problema de encogimiento: es otra confección.
- Pide la variación dimensional por escrito, en urdimbre y trama, con el procedimiento de lavado y el número de ciclos. Si el proveedor solo responde «sanforizado», la casilla sigue vacía.
- Pregunta por el comportamiento a tu temperatura real. Si tu lavandería trabaja a 80-90 °C, un dato de tres lavados a 40 °C no te sirve para decidir.
- Vigila el secado y las rampas. El sobresecado y los saltos bruscos de temperatura encogen más que el propio lavado; es la parte del problema que está en tu proceso, no en el tejido.
- Guarda una pieza nueva sin lavar y mídela. Cuando dudes, mide una en servicio y compara: tendrás tu propio porcentaje real, que vale más que cualquier ficha.

Si ya te ha pasado
Una bajera que ha encogido no se recupera: el tejido ha vuelto a su dimensión natural y no hay lavado que lo devuelva. Lo que sí puedes hacer es reubicar esas piezas en camas de colchón más bajo, donde el elástico todavía alcanza, y ajustar la próxima compra con el dato aprendido. Si el encogimiento es muy superior a lo que dice la ficha, ahí sí hay una reclamación: por eso conviene tener la ficha y la pieza de referencia.
Para entender de dónde salen estos acabados y en qué fase se aplican, la guía de cómo se fabrica el textil de hostelería recorre el proceso completo. Y si lo que necesitas es acertar con la medida desde el principio, la guía de medidas por tipo de cama tiene las equivalencias de confección.