Alquiler o compra de lencería: qué conviene a cada tipo de establecimiento

Responsable de hotel comparando el stock propio en estanterías con carros de lencería entregados por un servicio externo.

El alquiler de lencería se explica casi siempre desde el lado de quien lo vende. Aquí está la cuenta completa: cómo se cobra, quién paga las pérdidas, qué preguntar antes de firmar y en qué casos alquilar es la mejor decisión.

Alquilar la lencería o comprarla es una de esas decisiones que se toman una vez y se pagan cada semana durante años. Casi todo lo que se publica en España sobre el tema lo escriben empresas de alquiler, que explican las ventajas de alquilar, o vendedores de textil, que explican las de comprar. Nosotros vendemos textil y no lo alquilamos, así que empezamos por lo que suele quedar fuera: hay establecimientos para los que alquilar es claramente la mejor opción. Esta guía sirve para saber si el tuyo es uno de ellos.

Primero, separa dos decisiones

La pregunta suele llegar mezclada con otra: quién lava. Son dos decisiones distintas, y al separarlas aparecen tres opciones reales:

  • Compras y lavas tú. La ropa es tuya y la lavas en tu lavadora o en tu lavandería interna.
  • Compras y la lavan fuera. La ropa es tuya y una lavandería la recoge, la lava y la devuelve, cobrando por kilo o por pieza.
  • Alquilas. La ropa es del servicio, que la entrega limpia, se lleva la sucia, la lava y repone lo que se desgasta.

El error más habitual es comparar la tercera con la primera: alquiler con recogida frente a comprar y lavar en casa. Así se comparan dos cosas a la vez, la propiedad de la ropa y el trabajo de lavarla. Si lo que te pesa es lavar, la comparación justa es entre alquilar y comprar llevando la ropa a una lavandería. Si lo que te pesa es pagar el stock de golpe, entre alquilar y comprar lavando tú.

Cómo se cobra el alquiler

En España conviven tres formas de cobrar, y no se pueden comparar entre sí sin pasarlas a la misma unidad:

  • Por pieza entregada. Cada sábana, funda o toalla limpia que llega tiene su precio. Es lo habitual en hoteles.
  • Por persona o por kit y estancia. Un paquete de cama y baño por huésped, con recogida y entrega incluidas y, a menudo, un mínimo de personas por servicio. Es lo habitual en apartamentos.
  • Por cuota mensual por cama o por baño, con la reposición por desgaste incluida.

Casi siempre hay además un mínimo por servicio o por recogida, y a veces el transporte aparece como línea aparte. Antes de comparar, convierte cualquier oferta en coste por cambio completo de una cama o de un apartamento, con el IVA en la misma base y los mínimos repartidos entre los cambios que de verdad vas a pedir.

La cuenta que decide

Responsable contando un juego completo de sábanas y toallas mientras compara dos ofertas con una calculadora.

Con las dos opciones en coste por cambio, la decisión se reduce a una comparación. Llamemos:

  • A: lo que te cuesta un cambio completo alquilado, con todo incluido.
  • L: lo que te cuesta lavar un cambio completo de tu propia ropa, con el mismo servicio de recogida o con tu lavadora, contando agua, energía, detergente, máquina y horas.
  • C: los cambios que haces en un año.
  • S: lo que cuesta comprar todo el stock que necesitas, con los juegos en rotación y la reserva.
  • R: lo que repones al año por pérdidas, quemaduras y manchas que no salen, además del desgaste normal.

Comprar te cuesta cada año, más o menos, S ÷ años que dura el stock + R + C × L. Alquilar te cuesta C × A. El alquiler sale mejor cuando:

C × (A − L) < S ÷ años que dura el stock + R

Dicho con palabras: lo que pagas de más en cada cambio por no ser dueño de la ropa, multiplicado por los cambios del año, tiene que ser menor que lo que te cuesta cada año tener tu propio stock. De ahí salen tres conclusiones que valen sin poner un solo precio:

  • Pocos cambios al año favorecen el alquiler. Si C es bajo, la diferencia por cambio pesa poco, y el stock propio, que hay que dimensionar para agosto, pasa buena parte del año parado en un armario.
  • Muchos cambios al año favorecen la compra. Con ocupación alta y estable, la diferencia por cambio se multiplica y el stock se amortiza deprisa.
  • Un L alto favorece el alquiler. Si lavar tu propia ropa te sale caro, porque lavas con horas que no tienes o porque tus volúmenes son pequeños y cada recogida paga un mínimo, la ventaja de ser dueño se evapora.

Quién paga lo que se pierde y se estropea

Camarera de pisos y conductor de lavandería contando prendas y anotando una sábana dañada durante la entrega.

Con ropa propia, todo es tuyo: el desgaste, la sábana quemada, la toalla con tinte de pelo y la que se va en una maleta. Lo cubres con la reserva y con R.

Con alquiler, el desgaste normal lo asume el servicio, y forma parte de lo que pagas en A. Lo que no es desgaste normal, las piezas que no se devuelven, las manchas que no salen y las quemaduras, se regula en el contrato. Y aquí está el punto débil de todo lo publicado: no hemos encontrado ninguna empresa de alquiler de lencería en España que publique esas condiciones. Todas remiten a presupuesto.

Lo razonable es que el servicio responda de lo que se pierde o se estropea en su circuito, que tú respondas de lo que desaparece en tu establecimiento y que el desgaste normal no se le cobre a nadie. Y no es solo sentido común: es como se escribe cuando alguien lo pone por escrito. El pliego de lavandería de la estación de Sierra Nevada lo formula así: «En caso de extravío o deterioro por causas imputables al adjudicatario, éste deberá reponerlas por otras de similares características». El de la Central Provincial de Compras de Huelva impone lo mismo, obligando al adjudicatario «a la reposición de las prendas deterioradas por causas imputables a él». Copia esa cláusula en tu contrato. Si el presupuesto no la trae, pídela antes de comparar precios: una diferencia de céntimos por pieza se la come un cargo por reposición.

Lo que hay que preguntar antes de firmar

Como las condiciones no se publican, la única forma de comparar es pedirlas por escrito. Esta lista cubre lo que cambia la cuenta:

  • Permanencia y preaviso. Hay servicios para apartamentos que anuncian que no tienen permanencia y otros que hacen descuento a cambio de un número mínimo de servicios al año con pago adelantado. En hoteles, pregunta la duración mínima y con cuánto tiempo hay que avisar para salir.
  • Fin del contrato. Qué pasa con las piezas que tienes en tu almacén el último día: cómo se recuentan, cómo se devuelven y cuánto se cobra por cada una que falte.
  • Pérdidas y daños. Precio de reposición por pieza no devuelta, manchada o quemada, y quién decide si una mancha es desgaste normal.
  • Fianza y mínimos. Si hay depósito inicial, mínimo por servicio o por recogida, o mínimo mensual facturable.
  • Temporada baja. Si puedes suspender el servicio cuando cierras o baja la ocupación sin pagar mínimos.
  • Frecuencia y plazos. Días de recogida y de entrega, si hay servicio en fin de semana y qué pasa si una entrega no llega antes de un check-in.
  • Medidas y calidades. Si tienen tus medidas de cama y almohada, y qué sábana y qué toalla vas a recibir. La ropa de alquiler es la del catálogo del servicio, no necesariamente la que tú elegirías.
  • Revisión de precios. Cada cuánto se actualiza la tarifa y con qué referencia.

Cuatro apartamentos y un hotel de 40 habitaciones no deciden igual

De uno a cinco apartamentos

Aquí el alquiler gana a menudo, y conviene decirlo sin rodeos. Las razones son operativas antes que económicas. Sin almacén no hay dónde guardar varios juegos por cama. Dos salidas el mismo día no caben en una lavadora doméstica ni en una tarde. Y si no vives cerca, alguien tiene que llevar y traer la ropa. Un servicio que entrega el kit de cada estancia y se lleva el sucio resuelve las tres cosas. Si además tu ocupación es de temporada, el stock propio pasa meses sin usarse.

Comprar gana cuando vives cerca o tienes a alguien que lava, dispones de espacio, lavadora y secadora suficientes, y la ocupación es estable buena parte del año. Y gana si quieres decidir el tacto y el aspecto de tu cama, porque con alquiler eliges dentro del catálogo del servicio.

De diez a treinta apartamentos, casas rurales y hostales

Es la zona gris y la que más dudas trae. Con este volumen ya hay alguien que gestiona, hay algo de espacio y el lavado de ropa propia se negocia mejor que en un apartamento suelto. Aquí la cuenta de arriba decide de verdad, y merece la pena pedir las dos ofertas a la misma lavandería: algunas publican a la vez una tarifa por lavar la ropa del cliente y otra por alquilar la suya, y la diferencia entre ambas es exactamente A − L.

Un hotel de 40 habitaciones

El volumen cambia la negociación. Un hotel mueve cada semana ropa suficiente para negociar un precio por kilo que un apartamento suelto no consigue, y con L bajo y C alto la compra suele salir por delante. Además, el hotel decide su ropa: calidad, medidas y color. Pide la tarifa por tramos de kilos al año, no por pedido: es ahí donde aparece la diferencia.

El alquiler gana en el hotel que cierra en invierno, en el que no tiene lencería ni lavandería y no quiere tenerlas, y en el que prefiere dejar el inventario en otras manos: los servicios industriales de alquiler ofrecen precisamente eso, llevar inventario, almacenaje y mermas con un coste que sube y baja con la ocupación. También en el que abre y no quiere inmovilizar caja el primer año.

La opción mixta

Almacén hotelero con stock propio en estanterías y carros de lencería alquilada como refuerzo temporal.

No hay que elegir todo o nada. Hay establecimientos que alquilan la ropa de cama, la más voluminosa de lavar y planchar, y compran las toallas; otros tienen su stock propio para todo el año y alquilan el refuerzo de temporada alta, que es justo cuando el stock propio se queda corto. Pregunta si el servicio admite alquiler por temporadas: algunos lo ofrecen.

Impuestos: menos diferencia de la que parece

El alquiler es un gasto del ejercicio. La lencería comprada es inmovilizado, pero la tabla oficial de amortización del Impuesto sobre Sociedades le asigna un coeficiente máximo del 25 % anual, y los elementos nuevos de hasta 300 euros por unidad pueden amortizarse libremente hasta 25.000 euros por ejercicio. Como una sábana o una toalla quedan muy lejos de ese precio, buena parte de la compra de textil puede deducirse en el mismo año. El IVA es el general en las dos opciones, y si tu actividad no te permite deducirlo, es un coste igual en ambas. Cómo se aplica todo esto a tu caso, sobre todo si tributas por IRPF, lo confirma tu gestoría.

En resumen

Suele convenir alquilar si… Suele convenir comprar si…
Haces pocos cambios al año o trabajas solo en temporada Tu ocupación es alta y estable
No tienes almacén ni dónde lavar Tienes espacio y lavas tú o a buen precio
No hay nadie cerca para llevar, traer y lavar Tienes personal o volumen que reduce el coste del lavado
No quieres inmovilizar dinero en stock Quieres elegir calidad, medidas y aspecto
Prefieres que otro lleve inventario y mermas Prefieres decidir tú qué se retira y cuándo

En los dos casos, la misma disciplina: pasar cada oferta a coste por cambio, pedir por escrito las condiciones de pérdidas y de fin de contrato, y rehacer la cuenta cuando cambie tu ocupación. Si te inclinas por comprar, el cálculo del coste por uso te ayuda a estimar L y los años que dura el stock.